
El Cumpleaños de Leti
Era como pedirle peras al olmo, ella no podía sonreír para la cámara, y no tenía ganas de apagar las siete velitas de la torta, faltaba su héroe, su protector se había marchado una semana antes.
La madre no entendía cómo alguien con tanta fortaleza pudiera tener un corazón tan delicado. La enfermedad se la habían detectado poco antes. El caballero se había ido para siempre, había comprado una hermosa muñeca, más costosa de lo que la madre quería para ella, pero él tenía su debilidad y Leti lo era todo; con varias horas extras ella tenía su juguete y el joven estaba feliz.
Alguien apagó las velitas pero no fue la niña, al parecer habría sido una corriente de aire, a lo mejor, quizás.
La madre volvió a crear el diminuto fuego sobre la cera, los pequeños ojos brillaban refulgentes de amarillo oro, tenía la mirada muy lejos, seguro estaba celebrando con su padre en sus sueños de niña donde la realidad y la fantasía se mixturan en una sola; apenas un indicio en sus labios que querían dejar escapar una ahogada sonrisa. Las sombras de los niños en la pared se asemejaban a un grotesco cuadro surrealista. ¿Cómo era posible que esos minutos durasen tanto? Se preguntaba la madre afligida. Ella sabía que nada sería igual, pero era fuerte y haría lo que fuera necesario para que la chiquita no sufriera.
Elsa, pensaba que pronto sería el día del padre, entendía que los niños en el colegio harían sus dibujos, sentía un fuerte dolor, no podía hacer nada contra los programados festejos.
Por un momento la invadió el terror, pensó que si a ella le pasaba algo la niña quedaría sola. Al minuto pudo respirar, ya que tenía a su hermana y a su mamá, también habrían tíos en Córdoba que la querían como a una hija. Ese fue el aire reparador que necesitaba Elsa sintió un alivio enorme al pensar en su familia. Leti no estaba sola.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada