martes 6 de octubre de 2009

La sombra de Paula


La Sombra de Paula

lunes 21 de septiembre de 2009

El semejante


El semejante

miércoles 16 de septiembre de 2009

El árbol (microrelato)



El árbol

Las frenéticas hojas del denso follaje corroboraban todas mis sospechas, “eso” aún estaba ahí. El último jardinero contratado para podar el vetusto árbol había dejado sus herramientas al pié del gran tronco para desaparecer una tarde de abril; nunca hubo noticia alguna de aquel pobre hombre. Yo tenía mis propias teorías al respecto, pero siempre eran tomadas a la ligera.

Por las noches las afiladas ramas llegaban hasta mi ventana rasgueando el cristal, he intentado en vano alumbrar la copa del árbol sin éxito alguno. No es fácil conciliar el sueño cuando sientes que te observan desde lo alto.

FIN

El Refugio

El Refugio


Desde la cima teníamos una buena vista, al pie de la montaña se veían pequeños y movedizos puntos, ahí estaban las bestias sedientas de sangre que intentaban subir.

De día yo dormía mientras Dorothy vigilaba mientras recolectaba alimentos, de noche la guardia era mi tarea. Siempre usaba una pequeña cadena para asegurar a mi hija junto a mí; efectivamente, tenía miedo de quedarme dormido y perderla para siempre.

Hacía tiempo que María mi esposa había desaparecido sin dejar rastro, ¿qué triste destino habría sufrido su carne? Seguramente en manos de las aberrantes abominaciones. Hace meses tuve que enfrentarme con una de las criaturas, nadie sabe a ciencia cierta de donde salieron. Miden cerca de metro y medio, son calvos, la piel muy blanca y los brazos cuelgan rozando el suelo, poseen grandes uñas oscuras y emiten un grito que provoca escalofríos, y por cierto: ¡son carnívoros!

Amanecía, y apesadumbrado entiendo que me quedé dormido. Estiro el brazo y el extremo de la cadena se desliza, ¡mi hija desapareció!

Loco de ira y desesperación emprendo un brusco descenso, los arbustos me lastiman pero no siento el mínimo dolor, me he convertido en una bestia sedienta de sed de venganza. Extraigo el largo cuchillo de acero y comienza la degollina, sangre por doquier y cuerpos que se contorsionan al compás de mi daga. Mientras tanto busco a la pequeña Dorothy; veo el cuerpo pequeño entre los matorrales, y mis más profundos temores me atacan como un cáustico estilete.

--¿respirará? Acerco mi mano sobre su hombro, giro suavemente y ella me mira con sus grandes ojos color miel. Es hora de correr; miro hacia atrás y algunas criaturas nos persiguen, corrían raudamente. Nos están alcanzando, más adelante la luz capta toda mi atención y una voz humana nos pide que nos tiremos al suelo. Las balas parecen zumbar en mi oído, cubro a la pequeña con mi cuerpo.

Habrían pasado unos minutos cuando escucho una voz que dice:

--Pueden levantarse.

Al mirar hacia arriba veo a un soldado camuflado sosteniendo un fusil.

--Síganme rápido –dijo el militar.

Sin perder tiempo y con mi hija del brazo corrimos hacia lo que parecía un refugio. Dentro del Bunker pude ver decenas de personas que caminaban, otras tomaban refrescos en lo que parecía un bar, algunas miraban TV.

--¿Hace cuanto están aquí? --le pregunté al soldado.

Me llamó la atención su rostro, parecía desconcertado.

Pero su respuesta fue lo que me trastocó más a mí.

--Este refugio tiene 150 años- Yo nací aquí como toda esta gente. –dijo el soldado

Nos miramos con Dorothy y nuestras pobres mentes no podían encontrar una salida viable a ese dilema.

--¿Hace cuanto que estamos en la montaña? –Ya no lo recuerdo. ¿Qué sucedió?

Una nube blanca me despertó, me incorporo en la cama, golpean a mi puerta, es Dorothy que me trae el desayuno, lo pone sobre la mesa y abre la ventana. Entra una bocanada de aire entra aire fresco y más allá veo el gran promontorio que me llama.

FIN

domingo 9 de agosto de 2009

El Maestro


El Maestro

Llegó una noche de enero, caía el agua torrencialmente cuando el hombre abrió la puerta del colegio, nosotros usábamos el colegio como comedor y ya habíamos terminado de cenar. La silueta oscilaba entre el oscuro y blanco de los rayos, sacudió su piloto y las gotas se suicidaban contra las paredes en un intento desesperado.

Se acercó a nosotros y saludó cordialmente:

—Buenas noches niños

Su ronca voz era amena como la de un abuelo que susurra un cuento y su rostro lucía una blanca barba al igual su cabello albino parecía muy suave.

—Buenas noches señor —contestamos los nosotros.

—Soy su nuevo maestro y estaré con ustedes por dos meses hasta que llegue Francisco.

—¿UD. Es amigo de Francisco? —pregunté tímidamente.

—Si lo conozco hace muchos años. —respondió él

—Disculpe maestro, ¿Cómo llegó hasta aquí con esta tormenta?

—Vine en tren.

—Pero mi padre me contó que el tren hace años ya no pasa por aquí. —dijo uno de los niños

—Mi tren si pasa aún. —argumentó el anciano.

El misterio que lo envolvía, mantenía un encanto que parecía rodearlo en un sinfín de preguntas que nunca vieron la luz del día.

Todos nos quedamos en mortal silencio y la incertidumbre se fue adueñando del pequeño pueblo. Nadie sabía quién era él o de donde venía, lo cierto es que era un buen maestro y una extraordinaria persona, no faltó ocasión para que intercediera en conflictos familiares tratando de ayudar siempre modestamente. También estaba atento a los niños y su salud, revisando de vez en cuando cual médico a todos en el pueblo.

Pasaron los días y nos fuimos acostumbrando al nuevo maestro. Era la noche del última día del mes y llovía copiosamente, desperté y me senté en la cama a lo lejos creí escuchar el pitido del tren.

Al otro día el anciano ya no estaba, sólo quedaban las pequeñas marcas de las suicidas gotas en la pared.

FIN