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martes, 8 de octubre de 2013

La Carbonera



La Carbonera

Raúl Rustan

Siempre evitaba pasar por ese lugar cada vez que jugaban a las escondidas, a ninguno de los

menores se le cruzó la idea de esconderse en ese sombrío agujero. No los culpo, aún recuerdo

cuando tenía ocho años, un día mientras jugaba se me ocurrió ocultarme allí, todo iba bien

hasta que una helada brisa inundó mi pequeña espalda, quedé paralizado de miedo, a diez

centímetros de mis manos, la abnegada puerta, el frío bajaba por mis piernas helándolo todo

a su paso, milimétricos movimientos y un brutal empujón me permitieron caer del lado de la

luz, salí despedido de ese infernal cubil. Miré hacia atrás y comprobé que la vetusta puerta se

cerraba lentamente.

Cuando fui adolescente y lleno de coraje, decidí investigar a fondo ese recinto. Linterna

en mano entré agazapado, quería llegar al final del asunto. El techo iba decreciendo

obligándome a agazaparme cada vez más, en el fondo llamó mi atención una puerta muy

pequeña de unos veinte centímetros de alto, al abrirla introduje mi mano, luego mi brazo

pero nunca hallé el final del hueco; me quedé quieto y en silencio mientras pensaba que baría

del otro lado, unas débiles voces resonaban dentro del agujero casi imperceptibles que iban

aumentando su potencia a cada segundo, me asusté y retrocedí saliendo rápido de aquel

lugar, cerré con cerrojo. Siempre tuve la impresión que entrada la noche escuchaba desde

mi cuarto ruidos provenientes del cubículo. El asunto quedó olvidado y decidí esquivar la

carbonera durante algunos años más.

No recuerdo en qué momento decidí realizar una nueva incursión, y tampoco recuerdo que

sucedió, ahora todo me parece grotesco, escucho como por un túnel y a lo lejos las palabras

de los ancianos, mis padres; mi pobre y cansada mente entiende por fin que estoy encerrado

y perdido en la pequeña puerta al fondo, al final de la Carbonera.

FIN

Purgatorio

Purgatorio
Raúl Rustan

Trescientos días habían pasado desde mi partida, me fui luchando como era la costumbre y ahora en medio de tinieblas mi espada esgrime majestuosa plateada y manchada de carmesí corta el viento y silba una hermosa tonada.
Desde lo alto el ente observaba como el luchador derribaba esperpentos, estaba probando su nuevo juguete de dominación; y al parecer estaba resultando el mejor.
Altor asesinó al último engendro y se sentó a descansar, con la mirada clavada en el piso, pudo observar dos grotescos pies con largas uñas negras delante de él.
--Serás mi nueva arma. –Dijo el demonio
--Yo no soy un arma, soy un comandante que está perdido en este infierno.

El demonio rió sarcásticamente. –este es mi infierno y sólo podrás salir si yo lo decido
Altor levantó una vez más su espada y con toda su fuerza la hundió en el vientre del monstruo. Sin siquiera quejarse éste sacó la espada y la arrojó lejos, luego agarró del cuello al guerrero y puso su otra mano en su cara, la cual comenzó a derretirse dejándolo irreconocible.
--Ahora podrás salir a combatir para mí. –dijo el diablo.
Un remolino atrapó a Altor llevándolo muy alto, el frío aliviaba el dolor que sentía por las quemaduras sufridas en su rostro. Al rato despertó, estaba tirado en un callejón oscuro, vestía prendas harapientas y estaba sucio; caminó con dificultad y al pasar por una ventana pudo observar su rostro cubierto de cicatrices. Si de algo estaba seguro era que quería venganza.

Caminó tres largos años, deambulaba por la gran junga de concreto, era un vago más que se alimentaba día a día de odio.

Un día un par de sujetos lo molestaron, se burlaban de sus vestiduras, uno de ellos le soltó una patada pero nunca alcanzó su destino, con una mano sujetando el pié, Altor se quedó mirando como éste se consumía entre llamas, ese fué el comiezo, el sabor del poder lo enloqueció, comenzó a asesinar y nunca se detuvo.

viernes, 16 de agosto de 2013

El destino de la última puerta

El destino de la última puerta
  

Raúl S.Rustan



Volver de la oscuridad es complejo, hay que conocer cual es la puerta correcta entre mil puertas iguales.  No es para cualquiera, se debe tener una poderosa razón, que soslaya el odio y el amor rompiendo con las leyes conocidas para volver de la muerte en busca de algo, y así fué como lo logré.

Perecí una fría noche, y la última imagen que recuerdo fué la risa perversa de mi asesino. 
Un eterno y lúgubre pasillo de mil puertas gemelas, ninguna tiene llave pero sabía que si pasaba por alguna de ella no se podría regresar por la misma vía, novecientas noventa y nueve nuevas muertes me esperaban antes de hallar quizás mi última morada.  Todas tenían las manijas gélidas y sólo acercar la mano producía un frío que hacía estremecer el alma. La madera transpiraba pequeñas gotas moradas, al igual que la sangre cuando se seca, y el techo no podía verse porque se perdía en la oscuridad.  Había un fuerte y rancio olor a humedad, parecido al que se siente cuando uno pasa por alguna obra en construcción. Entre puerta y puerta hay un pequeño intersticio vetusto y deteriorado, descolorido, melancólico donde de las rajaduras lloran líquidos para luego morir en el antiguo piso. 

La furia, el enojo, el odio ahora se habían convertido en una gran tristeza  que me mantenía inmóvil y así estuve un largo tiempo que parecían minutos aunque en realidad fueron meses,de letargo como soñando despierto parado mirando el largo pasillo sin fin.  Cuando al fin reaccioné comencé a caminar lentamente y cada vez que pasaba por alguna puerta podía oírse extraños sonidos, horrorosos guturales daba miedo intentar abrir alguna de esas entradas, seguí caminando por lo que me parecieron horas pensaba que en algún momento iba a llegar al final, pero desistí y quise volver por mis pasos, cuando giré pude ver lo que parecía a lo lejos la silueta de un hombre parado que me estaba observando.  En ese preciso momento el desconocido que vestía una larga túnica comenzó a caminar hacia donde yo me encontraba.  Estaba lo suficientemente cerca para comprender que eso no tenía rostro humano, en cambio dejaba ver unos incipientes ojos sin vida y mortecina piel blanca y arrugada.  Ya no tenía tiempo, tuve que tomar una decisión y abrí la puerta en donde me encontraba;  al cerrarla abrí los ojos y me vi en un cuarto que yo desconocía por completo, había una cama y alguien dormía en ella, todo estaba muy desordenado.  Me acerqué al cuerpo y cuando miré su rostro recordé inmediatamente que se trataba de mi asesino,  ahora me sentía feliz y con sed de venganza.
No quería que él muera sin antes sufrir en demasía, por eso tuve que idear un plan, comencé  caminar detrás de él día y noche las veinticuatro horas que dura el día no me separaba de su espada, poco a poco mi fantasmagórica presencia produjo el efecto que yo deseaba en él, lentamente la mala suerte hizo su trabajo y perdió dinero, bienes, cada vez que el asesino buscaba una nueva víctima por alguna razón no podía completar el hecho.  Luego de 4 meses y ya internado en un hospital psiquiátrico me materialicé ante su rostro,  el horror de su expresión era mi alimento y regocijo disfrutaba cada segundo pero lamentablemente su corazón no resistió más y murió.  Ahora de su cuerpo salía lentamente una fantasmal presencia inferior a la que sujeté con una sola mano y la arrastré hacia una puerta que se abría en la pared, del otro lado estaba el pasillo y una figura con larga túnica esperaba su premio, le arrojé esa alma y el otro la sujetó mientras abría la boca y la devoraba lentamente, se escucharon gritos horripilantes que me producían una gran satisfacción,  ya quedaba poco para ver de lo que era un festín de horror, el extraño ser devorador emanaba líquidos oscuros de su enorme boca mientras no dejaba de observarme con su mirada mortecina, una vez finalizada la tarea se dió vuelta y desapareció tras una puerta, sólo pude observar oscuridad en ese recinto y volver mis ojos al pasillo lúgubre sin fin cual típico paisaje Usher.

Los designios del destino y el pasillo eran parte de mi y ya no había razón para no explorar las puertas,  comencé a abrirlas una a una para volver a cerrarlas ya que sólo había una cosa en común y era la “oscuridad”, la “nada” como no tenía nada mejor que hacer, seguí abriendo y cerrando puertas hasta que me topé con una que estaba cerrada. Es necesario que les comente mi dolor luego de abrir más de doce gélidas puertas, mis manos ardían y se mostraban coloradas y quemadas. Ahí me quedé parado siete días delante de la hermética puerta.
Hundí mi mano en mi pecho, entró hasta la mitad y  luego la retiré empapada en sangre sujetando una llave, mixturando el líquido rubí con el antiguo óxido de la vieja pieza de metal;  lentamente me acerqué e introduje su cuerpo en la cerradura, el contacto me produjo la sensación de haber sufrido la descarga de un poderoso rayo y un millón de voltios recorrieron mi alma.  Al acercar la llave a su cerradura ésta saltó literalmente de mi mano y se encastró perfectamente dentro del hueco, dí dos vueltas y abrí un poco la puerta, sólo se podía ver oscuridad por la hendija y un gélido aire me provocó ardor en el rostro, asomé la cabeza y ví a alguien parado a unos metros, tuve que agudizar la vista y me asusté al verme a mí mismo del otro lado, me miraba y sonreía con cierta malicia, quise cerrar la puerta pero no podía algo lo impedía, usé mis dos manos mientras el otro se acercaba lentamente, mi otro yo estaba a pocos metros, solté la puerta y quise huir pero no pude moverme,  en ese instante se abrió del todo y la figura salió y se acercó a mí cuando estuve a centímetros de mi rostro, creía estar viéndome en un espejo, pero ese cuerpo tenía cierta malicia que se percibía sin ninguna duda.  Acercó su boca a mi oído y susurró:
 --Gracias, has abierto la puerta correcta  --y sonreía
Sentía toda la bondad y malicia y podía definir perfectamente dónde terminaba una y comenzaba la otra, comprendí la naturaleza humana en segundos sintiendo una tremenda tristeza, comprendía que no teníamos retorno, que era nuestro destino el aniquilamiento, la destrucción, mientras eso pasaba por mi mente, un claro gesto de asentimiento mostró el otro exacto y opuesto a mí.  La puerta se desfiguró y cambió a una gran ventana, por la misma podía ver un paisaje desolador, y una pequeña flor luchaba por vivir en semejante páramo, unas lágrimas cayeron de mis ojos y antes de morir en el piso, saltaron hacia la ventana cayendo en el seco y árido suelo, comenzó a llover, el gemelo caminó y cruzó la ventana se acercó a la flor,  estuvo a punto de arrancarla cuando grité --No!!!
inmediatamente abrió la boca hasta que se desencajó de la mandíbula y gritó espeluznantemente,  elongó el brazo hasta mi persona y me arrastró hasta el mismo desierto rocoso:
--¿Tienes idea de quién soy yo?  --dijo el espectro
--Eres yo  --respondi.
--sólo cáscara, fíjate --exclamó
y de inmediato transmutó envuelto en un manto de niebla, ahora podía verse un delgado cuerpo carmesí de grandes ojos amarillos y afilados cuernos.

--Dios mío --dije
--Jajaja todo lo contrario amigo mío, todo lo contrario.  --dijo el monstruo.
--¿ Entiendes ahora? --me preguntó  -- te he rescatado del purgatorio donde tenías que pasar cinco siglos, yo te saqué de ahí.
--¿Y para qué? le pregunté  --sólo para estar deambulando sin vida entre puertas sin sentido?
--Ah claro, aún no captas la esencia mi querido amigo,  creí que lo descubrirías tú sólo pero lamentablemente ya no tenemos mucho tiempo, tendré que develarte yo mismo el capítulo final. 
--De las mil puertas una sola es la responsable del destino del mundo conocido por tí
--ya sabes cual puerta és, yo mismo te entregué la llave.  --sonreía el demonio mientras me revelaba el secreto de la puerta--

--Eres mi instrumento, mi juguete o llamalo herramienta, y voy a sentarme a mirar que haces con el futuro del mundo, voy a regocirjarme viendo como tu naturaleza provoca pestes, guerras, dolor y muerte ya que es parte de la esencia de la cual estás formado
La llave ya es parte de tí y por más que luches por deshacerse de ella no lo conseguirás
Entrégate a tu destino.

--Jamás!!! --grité enfurecido.
--Siiiii, siiiii ese es el alimento de mi alma, tu odio me gusta.--dijo el rojo ser
ahora sentía una furia descontrolada y me estaba gustando, se estaba apoderando de mi el poder todo lo cubría devorando partes de luz que habitaban mi alma dejando páramos desolados.  Sólo una flor quedó en pié.

Desperté en el mismo lugar donde me habían asesinado, me incorporé y vi a mi agresor inmóvil, me acerqué con cuidado, algo salía de su boca, tomé la vieja llave y me la guardé en mi bolsillo derecho, caminé mucho, entregué la llave a 1, 10, 100, 1000 y seguía contando;   el proceso era sencillo,  bastaba habilidad y un poco de fuerza.  Un rapto de frescura me iluminó la hora del juicio final había llegado.

FIN









lunes, 1 de octubre de 2012

Pequeñas reflexiones

Pequeñas reflexiones... No existe nada llamado rutina, tal cosa en sí no existe. El minuto que pasó será único e irrepetible el que es y el que será, por más que hagas las mismas tareas todos los días serán tuyos y absolutos.Aquí y Ahora, no hay ayer y no hay mañana.

Y cuando te dicen que son piedras en el camino, y para vos son meteoritos en la espalda. Y cuando te dicen que la plata no es todo y contás las monedas para las galletitas de tu hijo, la perspectiva de cada uno no te sirve de nada, sólo cuenta la tuya que también es única, y no te sientas mal por lo que te dicen si a alguien le cabe que se ponga el zapato..

viernes, 6 de julio de 2012




Nereida
Raúl Rustan

El siempre soñaba con una sirena,  era morocha de cabellos largos  y  ondulados,  la piel la tenía lisa, suave y blanca,  los ojos oscuros y la mirada intensa, una boca redondeada con labios morados y carnosos,  de vez en cuando su cabello dejaba ver unos  pechos  pequeños.
Desde su casa el hombre podía ver el mar que estaba cerca, bajando la calle de tierra.  Donde él vivía  sólo moraban 4 familias que estaban alejadas.
El día estaba gris y hacía mucho frío, se preparó una taza de té a la que le agregó un poco de whisky, bebía mientras observaba el mar.  Estaba llegando la noche cuando creyó ver  algo que estaba cerca de la costa parecía un gran pez.  Se abrigó y bajó a la playa,  la arena hacía difícil el andar,  una vez ahí se quedó mirando pero no pude ver nada, al darse la vuelta escuchó un chapoteo,  vio por un segundo lo que parecía una mujer, pero estaba mareado y confundido pensó que era sólo su imaginación. De regreso se preparó un plato caliente de guiso y se acostó.   
Estaba despertando y sintió frío luego comprendió que la cama estaba mojada, la puerta abierta y sobre la mesa había un hermoso caracol,  el hombre lo tomó y se lo acercó al oído, abrió grande los ojos cuando pensó escuchar el canto de una mujer combinado con el sonido del viento y las olas del mar.

FIN